Oda a las 3:34 de la mañana
Crepúsculo atormentado atonal, desgarbado y sutilmente atornillado;
Yaces como una tumba en mi ensalada.
Creo que ya ni comprendo tu charla sobre la música venusiana que tanto promovías en las vías de tu extinción… já, me causa gracia tu idiosincrasia plutoniana.
Supongo que hasta aquí todo iba bien, las múltiples puñaladas en tu esfinge no mostraban señas de constipación, hasta que la hora maldita cantó las últimas notas de la fantástica novena… sutilmente demoledora pero a la vez más frío que un cubierto para la puerta de atrás de tu casa.
Me parece que a pesar de que tu perro acaba de recitarme el Coran al revés no comprendo tu vida, tus sentimientos enrollados en esa maraña de arañas que trepan por tu espina dorsal, me cuesta entender tu mendigante cabeza de poste que ni sirve para iluminar los banquetes de la luna. Já, lo repito, me cuesta no reírme de tu desgracia, puesto que ya que si ni tú ni yo nos vamos a casar, cueste lo que cueste no me casare ni contigo ni con tu hermana.

